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09/07/2020
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PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS: UNA SALIDA PARA CUBA

En muchos países del mundo las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MIPYMES) representan un pilar del desarrollo económico, desde los democráticos y desarrollados como Alemania hasta los autoritarios y con una riqueza distribuida desigualmente como China. En ambos casos, y en otros, las MIPYMES tienen amplia participación en la generación de empleos, reducción de las desigualdades, creación de oportunidades y aportes al producto, la competitividad y la disminución de la pobreza.

Estas empresas además no encarnan los riesgos de otras formas empresariales monopólicas que dominan mercados e imponen condiciones de juego, a menudo injustas; tampoco de grandes  empresas que dominan la política y crean daños al medio ambiente. Las MIPYMES, por el contrario, generan amplios beneficios para el desarrollo económico y social. Esta realidad es histórica y científicamente comprobable en diversas latitudes y bajo diferentes sistemas políticos.

En este sentido, las preguntas que se imponen son: ¿por qué no potenciar el desarrollo de este sector para generar Estatua de El Trabajo. Capitolio Nacional. La Habana.crecimiento económico, puestos de trabajo, oportunidades de desarrollo personal y profesional a los jóvenes cubanos, reducir las desigualdades -que sí existen en Cuba-, entre otros beneficios que se pueden lograr?, ¿por qué no reconocer a los trabajadores por cuenta propia como pequeños empresarios, crear una ley de empresa para ello, legitimar el derecho a la propiedad privada, el derecho a crecer y expandir un negocio honestamente, el derecho a la libre inversión y comercio?, ¿por qué no eliminar la absurda lista de trabajos por cuenta propia, y permitir a los cubanos emprender, de acuerdo con sus talentos y posibilidades, sin limitaciones de carácter político-ideológicas?

Todas estas son preguntas que plantean el reto y las formas mediante las cuales el gobierno cubano podría potenciar el desarrollo económico y social del país, sin afectar en lo más mínimo la soberanía nacional, la independencia, y sin comprometer el bien común. Todo lo contrario, existe evidencia científica suficiente que demuestra que estos cambios podrían suscitar mejores condiciones de vida para los cubanos y aportar al crecimiento y la estabilidad económica del país.

Por otro lado, vale la pena señalar que este es un cambio que depende exclusivamente del gobierno cubano y de los hacedores de política económica; asumirlo o no, nada tiene que ver con algún gobierno extranjero. Al mismo tiempo, es visible en nuestra sociedad que en los últimos años la aceptación y alcance del pequeño sector privado (mal llamado cuentapropista) es cada vez mayor, lo cual está respaldado por el aporte que -a pesar de las limitaciones- genera este sector a la vida cotidiana de los cubanos.

En la actualidad este sector aporta a la creación de oferta, al aumento de la competitividad y a la generación de oportunidades en el mercado laboral. Sin duda, las contribuciones pudieran ser muy superiores si se destraba su desarrollo, si se eliminan los obstáculos legales que lo frenan, si lo ideológico se supedita a la racionalidad económica y se prioriza el bienestar de los cubanos.

Tomado de: Vida Cristiana no. 2890, 12/ Abril/2020. La Habana. Cuba.

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